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analisis

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La izquierda panameña: ¿alternativa real o espejismo político?
 
por Gilberto Marulanda
 

¿Por qué, a diferencia de otros países latinoamericanos, las organizaciones de izquierda en Panamá no tienen simpatía entre la población? ¿Es esto producto del desinterés por sus postulados o una forma de apoyar el discurso neoliberal? Estas preguntas son de obligatoria respuesta, si se está interesado en revertir la actual apatía a los principios del socialismo, entendiendo con esto no la errónea idea de implantar modelos extranjeros o de posiciones dogmáticas y antagónicas a la realidad panameña, sino la sensibilización de la ciudadanía sobre problemas sociales, políticos y económicos que agobian a la nación, expresada por medio de acciones diversas, como las de solidaridad, la unidad, y la cooperación comunitaria permanente.

La atomización de las organizaciones de izquierda panameñas dejan al descubierto la limitada cobertura de estas estructuras políticas, además de evidenciar la debilidad de sus proyectos y propuestas, ya sean sindicales, gremiales o estudiantiles. La pérdida de innumerables espacios en el movimiento estudiantil y las contradicciones en el seno del movimiento obrero, son reflejo de esta afirmación.

La falta de debate ideológico y de concienciación política a la población por parte de estas organizaciones es tangible, a lo que se suma la deficiente proyección de éstas en el ámbito académico, cultural y deportivo, desgastándose en la mayoría de los casos en analizar la superestructura del poder y en coyunturas políticas que inician y terminan, al fin y al cabo, sin acumulados concretos (ejemplo muy ilustrativo de la anterior afirmación lo fue la pasada lucha contra el aumento de la tarifa del transporte público en la ciudad capital).

El entender por medio de la praxis el sistema en que vivimos es fundamental, sin embargo debe ir de la mano con la adecuada lectura de la realidad y su pertinente transmisión a los miembros orgánicos, simpatizantes y periferia de los grupos, con la finalidad de crear la esfera ideológica o de pensamiento ligada a los fines y objetivos de la organización a corto, mediano y largo plazo. No entenderlo así, es una manera de autoflagelación y autoderrota, en la medida que los sectores dirigentes adversos reproducen el discurso político tradicional; y en la mayoría de los casos, se encuentran comprometidos con partidos políticos, se erigen como única opción ante la ausencia de propuestas claras y sintonizadas con la cotidianidad de los istmeños.

Las ideas se confrontan con ideas y en la actualidad existen los espacios formales e informales para transmitir propuestas y posiciones con posibilidad de ser escuchadas y seguidas. Por ser los jóvenes promotores de justicia y libertad, son uno de los motores del cambio; por ello, es inoportuno y hasta aberrante poner como excusa para no avanzar en este esfuerzo a la fortaleza del andamiaje de alienación neoliberal junto a todas sus instituciones de reproducción ideológicas.

Las experiencias de cómo se progresa en la estructuración de proyectos políticos sostenibles con opción de crecer, junto a los valores inherentes a sus pensamientos, están a la mano; sin embargo, es necesario la aplicación oportuna de los métodos de protestas, relaciones con otros grupos afines y conformación de alianzas basadas en metas comunes. Además, deben dejarse a un lado los dogmas, las intransigencias, el vanguardismo y la conspiración, enemigos internos de sus propias estructuras.

La riqueza del pensamiento la constituye la diversidad, por lo que se debe reafirmar el discurso social con proyección directa a la comunidad, para restablecer los espacios perdidos y abolir el estigma de grupos cierra calles y no propositivos. No obstante, el deber primordial de todo joven es el graduarse, meta que va de la mano con el activismo estudiantil, y una forma de poseer especialistas en diversas áreas del saber y hacer presencia en otros ámbitos de la vida nacional.

En estos momentos de crisis, provocada por el actual modelo económico deshumanizante, urge la presencia de propuestas mucho más humanas, aceptadas e integradas por la población misma, con participación del movimiento juvenil, gremial, religioso, obrero, campesino, aborigen y empresarial, comprometidos con la justicia social, los cuales son la reserva moral de la República, para la conformación de una propuesta diferente y distinta a las actuales alternativas políticas, orientadas por grupos de poder semi - industrial, comercial y financiero que se disputan la administración del Estado, para desde allí fortalecer sus espacios económicos y mecanismos de control social; olvidándose, como ya lo señalamos, de la reserva moral de la patria y de todo el pueblo deseoso de cambios concretos y no cosmético.