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Seguridad social y estilo de desarrollo: un vínculo imprescindible/por Juan Jované

En un reciente número de la publicación Semanario se señala que una fuente cuya identidad se omite habría propuesto que buscar vincular el problema del futuro de la seguridad social con el problema del llamado estilo de desarrollo económico sería, en el mejor de los escenarios, un caso de ignorancia.
Esta posición resulta interesante en la medida en que abre un espacio para mostrar, con fines pedagógicos, la confusión y falta de carácter científico que la misma contiene. Así mismo, es un buen ejemplo de lo que ocurre cuando se pretende hacer un análisis financiero olvidando las bases materiales sobre las que se sustenta la economía de las pensiones. En efecto, tal y como lo señala un reciente artículo de Warren McGillivray publicado por la Organización Internacional del Trabajo: La cuestión fundamental no es qué sistema financiero se utiliza para determinar cómo se divide lo producido entre trabajadores y pensionados. De hecho, solamente si la producción aumenta, es posible mantener a un número relativamente creciente de jubilados; en otras palabras, si el crecimiento económico es lo bastante sólido como para generar recursos suficientes, sin que su transferencia a los jubilados prive indebidamente a los trabajadores.
El procedimiento básico utilizado por los economistas para analizar los problemas de las pensiones es el de los llamados Modelos de Generaciones Traslapadas que, por ejemplo, aparecen ampliamente desarrollados en el capítulo 2, del libro Lecciones de Macroeconomía de Blanchard y Fischer. El mismo permite aclarar en forma simplificada la importancia que tiene el adecuado comportamiento de la economía para cualquier sistema de pensiones.
En primer lugar, si se trata de un sistema de reparto, existe una transferencia directa de la generación activa, que cotiza actualmente, hacia la generación que se encuentra en edad de retiro, la cual habría realizado sus contribuciones previamente. En este caso resulta obvio que la capacidad de la generación activa de sostener las pensiones dependerá, necesariamente, de las condiciones de empleo y salario en que la misma opera. Con más precisión, lo fundamental es la comparación de esas circunstancias con las condiciones de empleo y salarios de la generación que ya se encuentra en edad de retiro. En este sentido, entre mayor sea la masa salarial de la generación activa con relación a la de la generación previa, la operación del sistema resulta más fácil de sostener.
Es en este punto que entra en juego la importante demostración que aportó Paul Samuelson hace ya más de 40 años. Se trata de un planteamiento que busca establecer la tasa de rentabilidad de los fondos aportados en un sistema puro de reparto. El mismo establece una respuesta clara: la tasa de rentabilidad real en este sistema es igual a la suma de la tasa de crecimiento del empleo más la tasa de crecimiento de los salarios, tras la cual se encuentra la tasa de crecimiento de la productividad del trabajo que se observe hasta el momento de su jubilación. Queda entonces claro que para este caso sólo se puede hablar del futuro de la Seguridad Social haciendo algún tipo de referencia al patrón de crecimiento futuro de la economía. El análisis del estilo de desarrollo no solo resulta útil, sino que es indispensable.
Esta necesidad no desaparece para el caso de un sistema de contribución definida y cuentas individuales. En este caso, nuevamente pensando en un modelo de dos generaciones, lo que ocurre es que la generación que está activa en un momento determinado realiza un ahorro durante su vida laboral, con lo que adquiere un patrimonio de capital.
El capital que va a poseer la generación que pasa a completar la edad de jubilación depende crucialmente, en primer lugar, de los años que la misma logre emplearse, lo cual, desde luego, está en función del ambiente económico en que la misma se desempeña: Si le toca ejercer su actividad en un período en el que predomina la tendencia a una alta probabilidad de desempleo, su capital de retiro será relativamente menor que si se da en un período más cercano a un alto nivel de empleo. Además, dicho nivel de capital constitutivo de las pensiones también va a depender de los niveles de interés que sirvan efectivamente para capitalizar los fondos aportados. Ello significa que el contorno económico es un elemento esencial para establecer el resultado de este segundo sistema de pensiones.
Más aún, como bien lo plantea McGillivray, en la segunda etapa de la existencia de esta generación, cuando pasa a retiro, realizará, es decir, pasará a vender sus activos a la próxima generación para tener acceso a los fondos de su jubilación. De acuerdo con este autor, en un régimen de cotizaciones definidas, los pensionados liquidan activos que han acumulado, vendiéndolos a los trabajadores, a saber, a la generación que estará activa en ese momento. Nuevamente tenemos que concluir que el resultado de este proceso estará significativamente influido por la situación económica en que la misma transcurra.
Es necesario entonces concluir que el futuro de cualquier sistema de seguridad social, ya sea de capitalización individual, de reparto o de capitalización solidaria, como lo es el panameño, no puede ser claramente comprendido si no se hace el esfuerzo por establecer cual será el desempeño futuro de la economía. El análisis del estilo futuro de desarrollo resulta, como hemos señalado, una necesidad ineludible más que una simple conveniencia.

El autor es Economista y director de la CSS